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Orientada Mexiquense (COVID-19)

Recordando el inicio de la pandemia hasta la tercera ola

Enrique López Campos

Recordando el inicio de la pandemia hasta la tercera ola

Salud

Septiembre 15, 2021 21:29 hrs.
Salud Nacional › México Estado de México
Enrique López Campos › Divergencias Informativa

El gobierno federal decidió dejar en manos de los gobiernos locales las medidas y la determinación de los tiempos para el desconfinamiento. A eso le llamó la Nueva Normalidad.

Si bien no todos entendieron que en esa Nueva Normalidad el semáforo rojo significaba continuar en casa, o, el amarillo no bajar la guardia, este último con la finalidad de que la economía comercial de municipios no decaiga; igual solo las actividades esenciales se pudieran desarrollar.

Es cierto, que el entendimiento no es suficiente cuando la economía de muchas familias mexicanas no da para más, sumándose la falta de cultura de ciertos sectores sociales.

Entre la falta de entendimiento y la ausencia de ingresos, la consecuencia es una situación en la que el desconfinamiento sin control, es una realidad.

Nuestra situación actual, sabemos que, refleja un total problema de décadas de desigualdad e informalidad en el trabajo de los mexicanos.

Quien no lo quiera entender, está circulando por el carril de la demagogia, que encontrará en Gattel al chivo expiatorio perfecto, no solo por las decisiones erróneas tomadas a raíz de la pandemia, sino de cuarenta años de abandono del sector salud.

Está claro, que el desconfinamiento se trataba de un ejercicio que aconsejaba prudencia y decisión en la toma de decisiones. Lo primero, para no eliminar las medidas de confinamiento cuando no fuese conveniente; lo segundo, para tomarlas cuidando la salud y el bienestar de la población.

Sin embargo, los gobiernos locales (municipios), han hecho poco al respecto y el resultado es un país en el que ahora mismo no hay una acción coordinada.

Además, algunos estados que ya habían pasado a un estado de desconfinamiento mayor (color naranja del semáforo epidemiológico) han retrocedido y han vuelto a la situación más extrema de aislamiento, que no deja de ser una invitación a quedarse en casa. La etapa del ’Quédate en casa’ fue exitosa si se atiende a la movilidad.

Aunque habría que acotar: fue un éxito que duró hasta la segunda quince de mayo. Se logró que una buena parte de la población se mantuviera en sus casas durante semanas, lo cual no fue malo.

Pero de eso ya hace cuatro meses y el gran problema para el Estado mexicano es precisamente lo ocurrido durante ese lapso.

El gobierno federal se equivocó: la decisión de dejar en los gobiernos locales el desconfinamiento, se hizo pensando en que lo podían hacer, pero los gobiernos locales no quieren tomar decisiones (porque pensaron en términos electorales) y tampoco son capaces de hacerlo (su infraestructura es muy frágil).

La realidad es cruenta: los gobiernos estatales son grandes sanguijuelas que viven de lo que disponga el gobierno federal, y en su mayoría son gobiernos que se conforman con ser corchos en la mar. Y así sobreviene el caos.

A juzgar por los números, la nueva normalidad ha tenido más descalabros que aciertos. El gobierno federal no gana nada en negarlo.

Bien le valdría reconsiderar sus decisiones: volver a tomar el mando total de las medidas de confinamiento y que los gobiernos locales (Ayuntamientos) sean ejecutores y no decisores, porque, de lo contrario, el caos seguirá y con él las muertes.

Parece improbable volver a confinar a todos con un simple ’quédate en casa’.

En cambio, se puede llevar a cabo una supervisión para que se tomen las medidas de sana distancia y se cuide al máximo la salud de los ciudadanos, claro, en sus centros de trabajo, y en el trasporte público, este que no entiende.

Ahora mismo, la ciudadanía está dejada a su suerte y los gobiernos federales y locales miran impávidos un espectáculo mortal, donde los más afectados son los grupos con mayores carencias: los grandes desamparados de tirios y troyanos; los olvidados.


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