-Señor –le preguntó– ¿por qué esta epidemia?
Respondió el Cristo:
-¿Y por qué no?
El padre Soárez puso cara de no entender. (Sus colegas dicen que siempre tiene cara de no entender). Le explicó el Cristo:
-Ante el sufrimiento y el dolor ustedes preguntan siempre: ’¿Por qué?’, pero ante el gozo y la felicidad nunca hacen tal pregunta. La vida de los hombres está hecha de ambos materiales: dichas y desdichas. Y una cosa te voy a decir, Soárez, en la que seguramente no has pensado. A mí se me encuentra más en el dolor que en el goce. Estoy cerca de todos los humanos, pero más cerca estoy de los que lloran una pena que de los dichosos. Quienes sufren son los que me necesitan más. Yo los acompaño con mi amor, aunque no me vean, y les daré mi esperanza y mi consuelo.
Así dijo el Señor, y el padre Soárez entendió sus palabras.
¡Hasta mañana!...
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El padre Soárez charlaba con el Cristo de su iglesia.
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