La clase media en los tiempos del Caudillo - Opinión - Saltillo - todochicoloapan.com

Opinión

La clase media en los tiempos del Caudillo

Rodolfo Villarreal Ríos

La clase media en los tiempos del Caudillo

Periodismo

Agosto 07, 2021 21:08 hrs.
Periodismo Internacional › México
Rodolfo Villarreal Ríos › guerrerohabla.com

Hace ya muchos, muchísimos, años en un país en donde la mano férrea del Caudillo y sus logros, que innegablemente los tenía, no podían evitar que la desigualdad fuera la divisa de la distribución del ingreso. Sin embargo, en medio de la opulencia y la pobreza, se movía un grupo de ciudadanos quienes nunca se quedaban quietos y el conformismo lo dejaban entre las sabanas. Era los miembros de un grupo emergente, la llamada clase media. Sus integrantes habían hecho aportaciones importantes a la sociedad y a la nación, pero aún les quedaba espacio para obtener logros mayores. En ese contexto, nació una publicación cuya denominación era precisamente ese, ’La Clase Media.’ En el número primero de aquella revista, el editor se dio a la tarea de justificar la existencia del impreso y su nombre, a la vez que dedicó espacio amplio a definir lo que desde su perspectiva era ese conjunto de ciudadanos. Partamos hacia aquel texto.
De entrada, el editor del antepretérito, se puso solemne y hasta nos pareció que al leerlo escuchábamos aquellas narraciones de un cronista panbolero del pasado. Inició por mencionar que ’tiene tanta grandeza, tanta sublimidad, tanta virtud y heroísmo tanto esta clase social, que para hablar de ella hay que estar de pie y con la cabeza descubierta. Cuanto puede decirse para hacer patente sus cualidades, resulta pálido y parece que impera la pasión en el elogio.’ Al parecer el escribiente andaba sobrado de miel y quería repartirla porque ahí no paraba su perorata. Continuaba indicando que ’¿Es luz, inteligencia, arte, fuerza, ciencia, libertad? Sí, todo eso es y mucho más, por lo que se hace acreedora al respeto y la admiración de los que la comprenden.’ Tras de esa apología que nos parece exagerada, el redactor procedió a darse un paseo por la historia de cómo surgió aquel grupo.
Se preguntaba: ’¿Cuál es su origen, cuando nació?’ e inmediatamente se respondía, ’su origen es la humanidad y nació seguramente cuando la fuerza bruta, imponiéndose a la debilidad, formó una jerarquía llena de soberbia que se creyó destinada a esclavizar a la muchedumbre.’ Un poco exagerada la perspectiva, entendemos que era una alegoría para enmarcar lo que trataba de exponer. En ese sentido, el redactor se percata de que por ahí emprendería un camino muy largo y prefiere acortar veredas para enfocarse en lo que había sucedido en aquella nación entre que decidió separarse de la casa matriz y los tiempos del caudillo.
Mencionaba que tras de darse la ruptura y, formalmente, pasar a ser un ente independiente, ’los progenitores de la clase media, llenos de las preocupaciones que habían heredado de los dominadores, creían que esa clase solo debía abrazar las carreras sacerdotal o militar, porque ellas con sus fueros y privilegios, formaban una especie de nobleza que se sobreponía a la clase ínfima y alguna vez se mezclaba con la alta.’ Esto último era una quimera, lo de la mixtura no se daba, era simplemente tolerancia por conveniencia. Al crearse organizaciones políticas al amparo de grupos, a los cuales la curia consideraba demoniacos, el articulista de entonces mencionaba que ’llevó a muchos neófitos que, aunque de manera imperfecta, profesaban ideas liberales, y que en aquellos centros misteriosos donde la palabra era libre, las afirmaron convirtiéndose en entusiastas propagadores de la nueva doctrina redentora.’ En los tiempos que vendrían, muchas serían las revueltas que se darían. En todas ellas, de uno y otro lado, estaban los miembros de la clase media tratando de implantar su versión de lo que consideraban mejor para aquel país. Mientras eso sucedía, quienes no se resignaban a la llegada de tiempos nuevos instruían en sus escuelas ’a una nueva generación que más tarde hundiría en el abismo del desprestigio la republica central y rompería la Constitución raquítica en concesión de derechos al hombre y al ciudadano, pero amplia para amparar una religión de Estado que excluía el ejercicio de cualquier otra.’ Afortunadamente en otros centros educativos, se formaban hombres quienes construían la cultura del esfuerzo.
Pero la lucha no era fácil, tenían enfrente ’la nunca bien execrada tiranía’ del patriarca del saltimbanquismo la cual terminaría cuando se dio aquella revolución bautizada en honor de un pueblo del sur ’y al triunfar esta se convocó a un Congreso Constituyente que no estaba compuesto de próceres, ni de magnates, ni menos de obispos, ni de reverendos padres ni clérigos como en Asambleas anteriores, sino de abogados y literatos hijos de la clase media que con honradez y patriotismo sin tacha dotaron a la nación de una constitución modelo porque es un código de libertades, derechos y garantías que dignifican al ciudadano y enaltecen a la nación.’ Con esa generación, la cual no solamente fue primigenia sino única e irrepetible, nació la clase media de aquel país como un ejemplo de la diferencia que marca el esfuerzo, la preparación y no ser conformista. El triunfo de ellos quienes ’nulificaron los fueros y la desaparición paulatina de la generación caduca, hicieron evolucionar a la clase media en sentido favorable, y entonces la democracia le abrió paso franco para que pusieran en practica sus aptitudes.’ Pero eso no significó el fin de todos los problemas, había miembros de la clase media quienes añoraban los tiempos del yugo acompañado por el santo y la seña y se pusieron al servicio de las sotanas. Así, se dio el golpe de estado que derogaba la Constitución y dio pie a una lucha que duraría tres años ’y fue entonces cuando el elemento joven que había estado preparándose en la capital y en los estados, se puso al frente de la situación; y [en el lapso mencionado] la clase media dio a comprender de lo que era capaz.’ Claro que aun faltaba la prueba superior, derrotar a quienes, sin honor, preferían adoptar el papel de falderos creyendo de que así se convertían en nobles. Eso no era aspirar a superarse, se trataba de espíritus sumisos quienes no podían anhelar vivir en libertad.
Una vez que al visitante se le empaquetó en un estuche de madera, volvió a reiniciarse el proceso para consolidar aquella clase media. Ello daba pie para que el articulista explicara su perspectiva acerca de porque la clase media había avanzado. Desde su punto de vista, ’una circunstancia favorable ha contribuido al avance de la clase media y es la ciudadanía tal como la concede la Constitución, que exige la edad de veintiún años para entrar en el goce de los derechos políticos sin excluir clases sociales; por consiguiente, nadie dirá que es más ciudadano político que otro, pero si se puede aspirar a los altos puestos de elección popular según su mayor instrucción.’ Lo que olvidó mencionar es que eso era teoría, lo de la elección popular era un capitulo pendiente en la agenda del caudillo quien, en ese ramo, hacia como que hacía, pero en realidad, no lo hacía. Pero eso sí, el escritor no ocultaba que ante todo cuidaba la imagen del caudillo.
Para demostrarlo, citaba una parte de una entrevista famosa que un foráneo le había realizado al Caudillo. Al ser interrogado respecto a las condiciones de la clase media, el Caudillo respondió que la patria ’tiene hoy una clase media que nunca había tenido antes, y la clase media, es bien sabido que aquí, como en todas partes, forma los elementos activos de la sociedad. Los ricos están demasiados preocupados por sus riquezas y sus dignidades para ocuparse en algo del bienestar general; los hijos de ellos no procuran con ahínco ni mejorar su instrucción, ni mejorar su carácter. Por la otra parte, los individuos de la clase del pueblo son, por desgracia, bastante ignorantes para aspirar al poder.’ Si bien las palabras del Caudillo eran ciertas en ese instante, olvidó mencionar que sobre las condiciones en que vivían los miembros de esta clase última, mucho era su responsabilidad al no poder encontrar la formula para instrumentar las políticas que los sacara de ese estado de postración. Pero ahí no paraba su disertación sobre las clases medias.
De manera sintética, el Caudillo mencionó como se integraba la clase media. ’En la clase media que viene, en alguna proporción, de la clase pobre y a su vez, con pocos elementos de la rica, se forman los mejores y mas saneados elementos que anhelan su propia elevación y mejoramiento; es la clase entregada con ardor al trabajo más activo en todas sus formas, y de ella se extrae la democracia, a sus propagadores y a sus adeptos. Es la clase media la que interviene en la política y de la que depende el progreso en general.’ Ni quien pudiera entonces, o ahora, debatir la perspectiva del Caudillo. Conocía de primera mano todo aquello al experimentarlo en carne propia y no padecer de amnesias temporales provocadas por querer ajustarlo a sus intereses políticos del momento. Por ello, el autor de aquella pieza calificó como verdad total las palabras del Caudillo y enfatizó que el destino de la clase media en aquel país era ’de grandeza y honra envidiables.’ Y a partir de ahí, procedió a exaltarla.
Acorde a su punto de vista, ’el estado de la civilización que alcanzamos es el resultado de los afanes de esa clase benemérita por su moral, su inteligencia, su actividad y su ciencia. Los luchadores intelectuales que son los primeros tanto por el valor como por la autoridad indican a las masas el camino que deben de seguir para ser útiles; esos luchadores incansables no son vencidos ni por la muerte, pues, aunque la materia sucumba, la idea vive y se transmite a otros luchadores y a otros más que se suceden como las olas del mar cuando el viento agita la superficie de sus aguas.’ Después de considerarla el sol y fuente de irradiación, mencionó que ’las ideas que germinan en el cerebro de esa clase predestinada son triunfos continuados sobre lo caduco que aun se afianza a la vida a pesar de comprender que es una remora para el progreso de las nuevas generaciones; por eso a la clase media se oponen todavía los que se espantan de que el pensamiento sea libre para analizar y la conciencia no quiere sujetarse a dogmas que carecen de lógica.’ Antes de que alguno vaya a creer que nos hemos brincado de época, les recordamos que estas últimas setenta y dos palabras fueron escritas en el entorno de aquel país que ya no existe y esto lo mencionamos por el texto que sigue.
Reconocía que ’los luchadores intelectuales trabajan por disipar las tinieblas en que están envueltos los restos de esa generación refractaria a todo adelanto y dispuesta a resistir, aunque su marcha trastorne la marcha regular de la sociedad.’ Sin embargo, se dejaba ganar por el optimismo y afirmaba que ’por una felicidad que es como bendición del cielo, la clase media va conquistando esas almas tímidas y formando con ellas una, inmensa en amor que se entrega alborozada a las caricias del progreso; de todos esos corazones apocados, uno robusto que late a impulso de ese aliento de vida nueva que activa el trabajo; de todas las voluntades indiferentes y frías, una atenta y fogosa animada del noble deseo de hacer grande’ a su patria. Pero el redactor no podía olvidar su admiración por el Caudillo y pasó a hacerle un reconocimiento.
’En la lucha no está sola esa clase, sino que tiene el poderoso auxiliar del gobierno ilustrado que, con su ley de instrucción gratuita, laica y obligatoria, ha tenido que multiplicar las escuelas; y sabido es que en ellas germina la civilización.’ Aquí, debemos de hacer notar que en los tiempos del Caudillo efectivamente se hizo un gran esfuerzo en materia educativa, algo de lo cual muchos se olvidan. Sin embargo, cuando no se logran mejorar las condiciones de la distribución del ingreso, no hablamos de esa igualdad utópica con que los demagogos marean a los ingenuos, pero si de elevar las condiciones de vida de todos, de poco importa que se atiborre de escuelas si quienes acuden a ellas lo hacen con la panza vacía. No hay cerebro que funcione bajo esas circunstancias y eso pasaba en los tiempos del Caudillo.
A pesar de la circunstancia descrita, en aquellos tiempos el analista de la clase media consideraba que ’moral e intelectualmente la clase media es la única que por sus virtudes y saber da lustre al nombre de [la nación]. Buscad en las ciencias, las artes, en la industria, en el comercio, en la agricultura, en el ejercito en la política, en la diplomacia y en todo lo que enaltece y, con algunas excepciones, solo hallareis a la clase media… Colocada entre dos clases, alta y baja, tiende a elevarse, pero nunca a descender; sufre privaciones y miserias antes que humillarse y erguida y digna no se estaciona, sino que siempre va adelante.’ Tras de relatar como esa clase media se formaba en el seno de la familia bajo la guía de los padres quienes con el ejemplo los conducían para que fueran útiles a la patria y la sociedad, mencionaba que la virtud era el distintivo de esa clase.
Tras de enfatizar que bastaba revisar la historia patria para ver como los miembros de la clase media habían escrito las paginas más brillantes de ella, recalcaba que la clase dirigente estaba compuesta por clasemedieros. Para cerrar, asentaba que ’la clase media ha destruido la demagogia, hecho triunfar la democracia y afianzado el orden y la paz: el porvenir de [la nación] está asegurado. Descubrámonos reverentes ante esa clase que es inteligencia, virtud, arte, ciencia, trabajo y progreso, que es, aunque parezca exageración, la luz que alumbra a la patria…’ De esta manera se percibía a la clase media en los tiempos del Caudillo. Sin embargo, este personaje estaba lejos de imaginarse que, tres años después, de ese grupo saldría un contingente muy importante que habría de construir la versión moderna de aquella nación. Esa era la clase media en los tiempos del Caudillo quien, si bien percibía la importancia de contar con una clase media y hacia un diagnostico adecuado, olvidó, o no supo cómo hacerlo, de que era necesario fomentar acciones que permitieran a un número mayor de pobladores pertenecer a ella. Una lección intemporal de la historia que algunos relegan y prefieren embarcarse en acciones para fomentar la polarización con la esperanza de que entre más sea el número de quienes dependan de su benevolencia, mayor será el poder que acumulen. El Caudillo pagó caro su descuido y, a pesar de que realizó una obra importante y el país creció, por eso nadie lo recuerda, todo se reduce a los negativos de su gobierno. Lo bueno es que aquel país que ya no existe, pero algunos quisieran reproducirlo, quedó curado del mal del caudillo. [email protected]
Añadido (21.31.105) ¿Para honrar que se viven los tiempos de la cuarta, instituirán la corcholata en grado de comendador para premiar el esfuerzo de los cuartos lugares? Recordemos, nada de aspiracionismos para lograr estadíos superiores, con un cuarto y un quinto es suficiente.
Añadido (21.31.106) Antes de que sus pares le aplicaran una receta similar a la del otro miembro del poder judicial, prefirió mandar al cesto de la basura sus sueños de quedarse un ratito más.
Añadido (21.31.107) Quienes andan muy interesados en eso de una votación para la revocación de mandato deberían de recordar que al único a quien podría beneficiar es al que supuestamente quieren enjuiciar. Muchos de ellos son los arrepentidos que hace tres años lo aplaudían y de esa manera, hoy, quieren lavar sus culpas. Si esto es lo que les preocupa, cómprense un latiguillo o un cilicio para que mortifiquen sus carnes, los demás no tenemos por qué pagar extra por sus genialidades.




Ver nota completa...

Escríbe al autor

Escribe un comentario directo al autor