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El final anunciado de la Tuta


La Tuta cayó cuando se había convertido en un fantasma y muchos dudaban ya de su aprehensión.

El final anunciado de la Tuta
Marzo 02, 2015 05:37 hrs.
Periodismo ›
Fernando Irala › diarioalmomento.com

Perseguido como tal vez nunca se había sabido de un narcotraficante en México, la Tuta cayó cuando se había convertido en un fantasma y muchos dudaban ya de su aprehensión.
No la alcanzó el tiempo que duró su encargo al excomisionado en Michoacán, Alfredo Castillo, para quien pescar al maestro devenido criminal, hubiese sido la cerecita de su cruzada contra la “familia” de delincuentes que asoló la entidad.
Lo cierto es que el grupo criminal fue desarticulado.
Pero la experiencia de los últimos años de enconada lucha contra las empresas en que se han convertido las bandas de maleantes, es que la caída de cualquier capo no resuelve por sí misma nada, e incluso genera fenómenos de mayor violencia y muerte, porque quienes quedan se disputan a muerte plazas y negocios chuecos.
En Michoacán, para no ir más lejos de ese escenario, la tranquilidad de la entidad está muy lejos de lograrse, y en el entorno regional y nacional, el abatimiento o la detención de malhechores es una estadística que permanece junto con los delitos, las ejecuciones y la inseguridad en vastas zonas del territorio nacional.
La fatalidad está determinada por la geografía y las finanzas. La mayor demanda mundial de estupefacientes se encuentra en Estados Unidos, y las pingües ganancias que produce dan para seducir a cientos, miles de jóvenes, en un país cuyo crecimiento económico es mediocre desde hace décadas, y la posibilidad de dar un ingreso y un empleo a una población en pobreza es nulo o insuficiente.
Ese flujo de billetes también deriva en la corrupción de autoridades policiacas y de gobiernos locales enteros, como ya sabemos, y propicia el control territorial que asegura operar con completa impunidad, y extender ese dominio a giros como los secuestros, la trata de blancas, la extorsión y el asesinato o desaparición sistemáticos de víctimas, hasta el comercio informal, los bares, y un gigantesco y creciente etcétera.
Caído la Tuta, en realidad nada ha cambiado. Es un episodio de una trama que durará todavía muchos años. Por desgracia.

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