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La Hoguera

Cerremos la puerta a los miserables que ven mal el apoyo a nuestros jóvenes

Emmanuel Ameth

Cerremos la puerta a los miserables que ven mal el apoyo a nuestros jóvenes
Mayo 29, 2024 02:01 hrs.
Política ›
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Viviendo en una colonia cuya ubicación provoca que se tenga una amplia población estudiantil por vecina, es un verdadero placer observar cómo los jóvenes disfrutan del recurso económico que les es proveído por cursar la educación media superior o superior, cómo ’hacen sociedad’ y se apropian de los espacios públicos, incluso de los lugares que otrora estaban reservados sólo para quienes hubieran nacido bajo una buena cuna.

Según la necesidad, hay quienes lo ahorran y contribuyen al gasto familiar, quienes lo invierten en copias y pasajes o bien quienes se pueden dar un merecido ’lujo’ que va desde la degustación de algún platillo callejero cuyo aroma siempre tienta a la experimentación, hasta una copa en compañía de sus amigos -¿por qué no?-, pasando también por un regalo para su pareja.

A tan temprana edad están recibiendo muchas lecciones de vida. La primera de ellas, a administrar sus finanzas, que no es poca cosa. Tienen la libertad de decidir en qué gastar su dinero y su uso responsable los dejará mejor o peor parados ante las eventualidades que tiene la vida estudiantil.

También aprenden a ser empáticos y a compartir, pero lo más importante, aprenden a ser recompensados por su esfuerzo y a tomar como parte de su formación que siempre será mejor conducirse por el buen camino que tomar atajos que más bien son trampas.

Porque contrario a lo que piensan los miserables, nadie les ha regalado nada. La transferencia recibida por continuar formándose en las aulas para que en un futuro se desarrollen como profesionistas que impulsen el crecimiento de nuestro país es un pago a su esfuerzo. Ellos pasaron por verdaderos exámenes de selección y parte de su futuro estará determinado por el desempeño mostrado de manera constante más que por el círculo social.

Es cierto, su futuro no será sencillo ni las vías para alcanzar su propio éxito se rigen bajo reglas simplonas, pero el hecho de que se ataquen las causas como política de prevención, en lugar de limitarse a la mera reacción, avizoran un mejor futuro que el actual, donde generaciones fueron corrompidas porque alguien les vino a decir que lo importante era conseguir sus metas al precio que fuera.

Ver más sonrisas que caras largas en nuestras juventudes, por sencillo que suene, llena de esperanza.

Es por lo anterior que abiertamente me declaro a favor de la continuidad de un proyecto que hace seis años se cristalizó como producto de una revolución de conciencias, pues con sus errores y sus deficiencias promueve recomponer el tejido social así muchos se empeñen precisamente en generar la división que tanto critican para perseguir sus fines personales.

Para ellos, los conservadores, no tengo otro calificativo que el de llamarles miserables, pues sólo alguien que goce de dicha condición y podredumbre en el alma puede sentir recelo, envidia, indignación o incluso odio al ver que nuestras juventudes tienen hoy una mejor condición que la que vivimos nosotros en nuestra respectiva época. Es nuestro deber detenerlos y las urnas serán contundentes el próximo domingo para decidir la forma en la que queremos que se lleve a cabo la política pública.

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