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Alfredo Castillo, dictador


Rápido aprendió que para ejercer su poder, es necesario comprender y despreciar, con muchísimo tacto, a quienes gobierna

Alfredo Castillo, dictador
Enero 05, 2015 15:21 hrs.
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El comportamiento del zar anti violencia en Michoacán, Alfredo Castillo, facilitará caer en la tentación del gobierno fuerte, de la mano dura, de un autoritarismo impaciente y cerril, que se manifestaría como una dictadura.

Leí, en distintos medios impresos previos a la Navidad, que Alfredo Castillo “ordena” encarcelar a Hipólito Mora y “El Americano”; así, sin más, instruye en lugar de solicitar, a un huidizo juez, una orden de aprehensión.

Lo anterior sólo puede tener una lectura: las formas -que son el fondo- en el oficio del poder se perdieron, y la administración de justicia, en entidades como Michoacán, dejó de existir, porque un hombre que se sustituye al poder constitucional del gobernador interino, que se siente, y así es, por encima de la ley, atropella los derechos constitucionales que amparan incluso a los delincuentes, y desdeña la inclusión del poder judicial estatal y federal en el necesario arte de reconciliar a los michoacanos, puesto que a Alfredo Castillo lo que importa es dividir e imponerse, porque si pacífica y une, pierde su razón de ser política, su alteridad frente al Poder Ejecutivo federal, su inclusión en una jugosa nómina y en las posibilidades de enriquecimiento sin origen, pero con un destino, su cuenta de ahorros para garantizar su impunidad, con dinero.

Lo que sucede en Michoacán es tanto o más grave que lo que ocurre en Guerrero, porque mientras en éste la violencia es abierta y en contra de la legítima autoridad, en el primero esa misma violencia se disfraza de autoridad, se impone desde las sedes del poder de manera solapada, para que, en el fino arte del gatopardismo, todo permanezca igual, ya que la tierra de los tarascos, la cuna del Tata Lázaro, también es abundante fuente de ingresos negros para la operación política legítima, pero con recursos ilegales.

Si es cierto que Alfredo Castillo procede como informan que lo hace, eso indica que las consecuencias de su comportamiento únicamente aceleran la decadencia del modelo político y su pudrición, porque -como escribe Sándor Márai- “El poder humano siempre conlleva un ligero desprecio, apenas perceptible, hacia aquellos a quienes dominamos. Solamente somos capaces de ejercer el poder sobre las almas humanas si conocemos a quienes se ven obligados a someterse a nosotros, si los comprendemos y los despreciamos con muchísimo tacto”.

El procónsul de Michoacán, por lo que se percibe, aprendió bien su lección, pocos perciben el desprecio con el cual trata a sus sometidos michoacanos. Total, él mismo tuiteó que Hipólito acudió a entregarse, porque el miedo no anda en burro. Y “El Americano” lo siguió, sin rebuzno.

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