’ Enviados a proclamar y a sanar ’



No me niegues antes de morir

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’ Enviados a proclamar y a sanar ’

Religión

Septiembre 22, 2020 19:22 hrs.
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La Palabra de Dios

Memoria de San Pio de Pietrelcina, presbítero

Primera lectura
Prv 30, 5-9
Toda palabra de Dios es verdadera.
El Señor es un escudo para cuantos en él confían.
No alteres para nada sus palabras,
no sea que te reprenda y resultes mentiroso.

Dos cosas te pido, Señor, antes de morir,
no me las niegues:
líbrame de la falsedad y la mentira;
no me des pobreza ni riqueza,
dame tan sólo lo necesario para vivir,
no sea que la abundancia me aparte de ti
y me haga olvidarte;
no sea que la pobreza me obligue a robar
y me lleve a ofenderte.
Palabra de Dios. Te alabamos, Señor

Salmo Responsorial
Salmo 118, 29. 43. 79. 80. 95. 102
R. (105a) Condúceme, Señor, por tu camino.
Apártame de los caminos falsos
y dame la gracia de cumplir tu voluntad.
Para mí valen más tus enseñanzas
que miles de monedas de oro y plata. R.
R. Condúceme, Señor, por tu camino.
Tu palabra, Señor, es eterna,
más estable que el cielo.
Aparto mi pie de toda senda mala
para cumplir tus palabras. R.
R. Condúceme, Señor, por tu camino.
Medito tus decretos
y odio el camino de la mentira.
Detesto y aborrezco la mentira
y amo tu voluntad. R.
R. Condúceme, Señor, por tu camino.

Aclamación antes del Evangelio
Mc 1, 15
R. Aleluya, aleluya.
El Reino de Dios está cerca, dice el Señor;
arrepiéntanse y crean en el Evangelio.
R. Aleluya.

Evangelio
Lc 9, 1-6
En aquel tiempo, Jesús reunió a los Doce y les dio poder y autoridad para expulsar toda clase de demonios y para curar enfermedades. Luego los envió a predicar el Reino de Dios y a curar a los enfermos.

Y les dijo: ’No lleven nada para el camino: ni bastón, ni morral, ni comida, ni dinero, ni dos túnicas. Quédense en la casa donde se alojen, hasta que se vayan de aquel sitio. Y si en algún pueblo no los reciben, salgan de ahí y sacúdanse el polvo de los pies en señal de acusación’.

Ellos se pusieron en camino y fueron de pueblo en pueblo, predicando el Evangelio y curando en todas partes.
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús

Reflexión del Evangelio de hoy

No me niegues antes de morir
El libro de los proverbios con la afirmación inicial de que la Palabra de Dios es pura, sin mancha ni defecto, nos sitúa ante su grandeza, enseñanza y sabiduría. La Palabras de Dios es de fiar, llama a la confianza.

El autor del libro de los Proverbios pide dos oraciones. La primera es No me niegues antes de morir; la segunda no me des riqueza ni pobreza, concédeme mi ración de ración de pan.

Una de las razones por las que negamos a Dios es el miedo a la muerte, pero mucho mayor es el de morir en soledad y abandono. La pregunta es ¿quién permanecerá a nuestro lado en el momento de nuestra expiración? Nos da miedo el abandono, también nos llena de temor el ser testigo de la muerte de algún familiar; creemos que Dios nos ha negado la vida, cuando la muerte se presenta demasiado en forma de juventud. Creemos en que Dios nos ha abandonado. Y no es así.

Al morir, nuestra fe nos impulsa a responder a la llamada de Dios, morir es responder a la llamada de participación que Dios nos hace para iniciar la vida divina junto a Dios, en la gloria de Dios. Es una llamada de gratitud y cumplimiento, una llamada donde el balance vital se resume en una palabra: Gracias. Gracias por la vida concedida, por el amor recibido, por la historia que he podido crear con mis manos, con la fuerza y aliento divinos.

Otra creencia es que Dios nos niega el pan, cuando vivimos en la precariedad. Siempre que sufrimos precariedad, culpabilizamos a Dios, o simplemente decimos que Dios no puede permitir tal sufrimiento, o negamos su existencia precisamente por esa razón. El libro de los Proverbios nos propone convertir las dudas y sufrimientos en una oración confiada: A Dios podemos acudir siempre, en cualquier situación, su fidelidad es eterna, la falta de pan es un pecado estructural, donde el egoísmo social hace que el hombre se desentienda de su hermano. ¿Cuántas llamadas a la solidaridad y al compromiso de los pobres ha realizado la Iglesia en la historia? ¿Cuántas organizaciones eclesiales, y voluntarios están trabajando al servicio de los pobres porque su fe le ha invitado a ello?

Dios siempre nos conducirá, a través de Jesús, a considerar el compartir nuestros recursos con un sentido de responsabilidad, como una auténtica respuesta de la fe que profeso. No podemos restringir nuestra fe a una simple piedad.

Enviados a proclamar y a sanar
El Evangelio de Lucas nos relata que Jesús reunió a los Doce y les dio el poder para expulsar demonios y curar enfermedades. Una vez hecho esto, los envió a proclamar el Reino de Dios y a curar a los enfermos.

Les dio instrucciones precisas: ni bastón, ni alforja, ni pan, ni dinero, ni túnica de repuesto. Nada para la seguridad personal. Sólo la fuerza del Espíritu de Cristo, todo lo demás vendrá por añadidura.

El mandato es ’anunciar’, es decir: Dar noticia o aviso de algo; publicar, proclamar, hacer saber. Hay un deber de proclamar que el Reino de Dios está presente con Jesucristo. Y todo nuestro hacer, todas nuestras fuerzas han de estar enfocadas hacia la sanación de cuantos viven enfermos por la discriminación, por el egoísmo, por el sufrimiento y el dolor que generan nuestras relaciones con nuestros hermanos. Expulsar los males de la sociedad fuera del mundo de la fraternidad.

Los Doce representan a la Iglesia Apostólica, el nuevo Pueblo de Dios, que siempre ha sido consciente de su mandato originario que recibió del mismo Jesucristo. Pablo VI, considera que hay una necesidad de conocer la propia fe para que el diálogo y la evangelización sean posibles en nuestra sociedad. Habla también que las exigencias y condiciones que plantea la sociedad nos inducen a una revisión de los métodos y maneras de llevar a los hombres de hoy el mensaje cristiano (Evangelii Nuntiandi nº 3).

Han pasado ya más de 40 años de estas consideraciones del Papa Montini, pero no dejan de ser actuales. El Papa Francisco habla de ir a las periferias, de encontrarnos en una cultura del diálogo, con los que más sufren, y ofrecer una palabra de consuelo y misericordia para aquellos que están faltos de recursos, y viven situaciones de dolor.

Pero no hemos de olvidar algo importante, junto al ’Evangelizar’ ha de acompañarle una palabra sanadora, la sanación, la expulsión de los males que nos aquejan esa es la segunda parte de la exigencia evangelizadora. No puede quedar olvidada. Quizás la Iglesia haya perdido credibilidad, pero no puede perderse en una actitud defensiva, olvidando el criterio fundamental de nuestro quehacer misionero.

Oremos por la Iglesia y su trabajo en las periferias de este mundo, para que encuentre palabras de consuelo y sanación para un mundo sufriente, y considere su vocación originaria de manera que el diálogo con la sociedad esté siempre presente.

Fray Alexis González de León O.P.
Convento de San Pablo y San Gregorio (Valladolid)


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