’ Anunciando la Buena Noticia del Reino de Dios ’



Cristo resucitó de entre los muertos

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Religión

Septiembre 17, 2020 21:42 hrs.
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La Palabra de Dios

Viernes 18 de septiembre, 2020

Primera lectura
1 Cor 15, 12-20
Hermanos: Si hemos predicado que Cristo resucitó de entre los muertos, ¿cómo es que algunos de ustedes andan diciendo que los muertos no resucitan? Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y si Cristo no resucitó, nuestra predicación es vana, y la fe de ustedes es vana.

Seríamos, además, falsos testigos de Dios, puesto que hemos afirmado falsamente que Dios resucitó a Cristo: porque, si fuera cierto que los muertos no resucitan, Dios no habría resucitado a Cristo. Porque si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó.

Y si Cristo no resucitó, es vana la fe de ustedes; y por lo tanto, aún viven ustedes en pecado, y los que murieron en Cristo, perecieron. Si nuestra esperanza en Cristo se redujera tan sólo a las cosas de esta vida, seríamos los más infelices de todos los hombres. Pero no es así, porque Cristo resucitó, y resucitó como la primicia de todos los muertos.
Palabra de Dios
Te alabamos, Señor

Salmo Responsorial
Salmo 16, 1. 6-7. 8b y 15
R. (15b) Atiéndeme, Dios mío, y escucha mi oración.
Señor, hazme justicia
y a clamor atiende;
presta oído a mi súplica,
pues mis labios no mienten. R.
R. Atiéndeme, Dios mío, y escucha mi oración.
A ti mi voz elevo, pues sé que me respondes.
Atiéndeme, Dios mío, y escucha mis palabras;
muéstrame los prodigios de tu misericordia,
pues a quien acude a ti, de tus contrarios salve. R.
R. Atiéndeme, Dios mío, y escucha mi oración.
Protégeme, Señor, como a las niñas de tus ojos,
bajo la sombra de tus alas escóndeme,
pues yo, por serte fiel, contemplaré tu rostro
y al despertarme, espero saciarme de tu vista. R.
R. Atiéndeme, Dios mío, y escucha mi oración.

Aclamación antes del Evangelio
Cfr Mt 11, 25
R. Aleluya, aleluya.
Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra,
porque has revelado los misterios del Reino
a la gente sencilla.
R. Aleluya.

Evangelio
Lc 8, 1-3
En aquel tiempo, Jesús comenzó a recorrer ciudades y poblados predicando la buena nueva del Reino de Dios. Lo acompañaban los Doce y algunas mujeres que habían sido libradas de espíritus malignos y curadas de varias enfermedades. Entre ellas iban María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, el administrador de Herodes; Susana y otras muchas, que los ayudaban con sus propios bienes.
Palabra del Señor
Gloria a ti, Señor Jesús

Reflexión del Evangelio de hoy

Cristo resucitó de entre los muertos
San Pablo, después del encuentro especial con Jesús camino de Damasco y que le cambió la vida para mejor, abriéndoles los amplios y gozosos horizontes de sus promesas, cuando habla de Jesús lo hace siempre con pasión. Con amor apasionado. Y si es hablar de la resurrección de Jesús lo hace con más emoción si cabe. Jesús vivió su vida con nosotros y no se cansó de proclamar la buena noticia que nos había traído para alegrar nuestro corazón. Quiso que su obra siguiese adelante después de su partida terrena, para lo que se rodeó de un pequeño grupo de amigos… No hace falta ser un gran teólogo para comprender que si Cristo no hubiese resucitado después de su muerte injusta… su persona, su evangelio hubiesen desaparecido pronto. Hoy no hablaríamos de él. Pero su vida tuvo un colofón especial. Después de su muerte, el Padre le resucitó y pudimos creer en su promesa de que también nosotros íbamos a resucitar después de nuestra muerte a una vida de total felicidad.

Hoy vemos a san Pablo enfrentarse con los que dicen que Jesús no ha resucitado y que tampoco nosotros vamos a resucitar. Eso es negar lo más íntimo de nuestra fe y nuestra confianza en Jesús. Por eso, vuelve a afirmar con fuerza que Jesús ha resucitado y que también nosotros vamos a resucitar. La vida que Jesús nos ha traído empieza en esta tierra pero culmina en nuestra resurrección. ’Si nuestra esperanza en Cristo acaba con esta vida, somos los hombres más desgraciados… nuestra predicación carece de sentido y vuestra fe lo mismo’. ’Pero no, Cristo resucitó de entre los muertos… el primero de todos’.

Predicando la Buena Noticia del Reino de Dios
Llegado el momento oportuno, Jesús se entrega por entero a la misión de predicar el reino de Dios, que es el proyecto que Dios tiene para toda la humanidad. Para el que quiera, Dios se ofrece a ser su Rey, reinar sobre él y dirigir su vida, formando así la sociedad de los que tienen a Dios como lo que es: su Rey, su Señor, su Dios. Lejos de ser un Rey despótico, es un Rey Padre que nos ama entrañablemente como lo prueba el enviarnos a su propio Hijo Jesús para indicarnos el camino a seguir, que es el camino del amor, porque Dios es Amor. El camino que nos lleva a disfrutar de la felicidad limitada en esta tierra y de la felicidad total después de nuestra resurrección.

En esta su misión, le acompañan ’los doce y algunas mujeres’, y el evangelista Lucas menciona el nombre de algunas de ellas. Este dejarse acompañar por algunas mujeres que también ’lo ayudaban con sus bienes’ es algo muy especial en aquella sociedad donde la mujer no era muy reconocida. Tanto unos como otras, han aceptado su amistad, se han convertido en sus seguidores/as. Jesús les va instruyendo en los secretos de ese Reino de Dios, que luego ellos y ellas deben extender, y ser testigos de su vida, muerte y resurrección.

Fray Manuel Santos Sánchez O.P.
Convento de Santo Domingo (Oviedo)


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