"Como nalga de doncella"

Gracias a dos médicos sigo vivo

Carlos Ravelo Galindo

Gracias a dos médicos sigo vivo

Salud

Abril 15, 2015 21:34 hrs.
Salud Estados › México Ciudad de México
Carlos Ravelo Galindo › diarioalmomento.com

Sr. Director.
Presente

Médicos Mauricio Ravelo Izquierdo y Jorge Alberto Ravelo Barba, presentes.
Gracias a los dos sigo vivo. Y claro a la preocupación de don Jorge Ravelo Reyes, mi hijo, amigo y protector de Bety y yo.
Al grano. Historia clínica: a las 9 horas del día 7 de abril de 2015, por casualidad descubrí que algo en mi rostro no estaba bien. Vaya, que al soplar a un rastrillo, el aire salía lateralmente. Ah. Caray. Me preocupé. Y de inmediato llamé a León, Guanajuato, a pedir consejo a Mauricio, (Considerado experto en estas complicaciones, que las estudió para recibirse de Médico. Y ha resuelto muchos casos que yo atestigüé, en amigos y mi hijo Luis Emilio). Pero Sarita, su esposa me informó que estaba ya en su trabajo del IMSS. Le rogué se comunicara a su regreso. Y lo hizo a las 18.30 horas, cuando platicó con su colega Jorge Alberto Ravelo Barba y ambos se pusieron de acuerdo, tras saber lo que me había ordenado mi cardiólogo.
Continué el día, menos intranquilo, porque no tenía ningún rastro de deformación. Salvo que al cerrar la boca y soplaba, salía el aire por el costado derecho, no de frente. Durante la mañana realicé, en la calle, diversas operaciones.
A las 13 regresé y comuniqué a María Ester, una de las secretarias, lo del aire. Me miró, y dijo que tenía el ojo derecho ligeramente cerrado. Me eché un güisqui y a las catorce horas comí. Llamé a las 15.25, al abogado Jorge y a su hijo médico. Ambos dormían. Dejé recado de que me hablaran, que no era nada urgente. Pero a las 16 me comuniqué con el cardiólogo Pedro Iturralde y le informé lo que me sucedía. Me formuló preguntas técnicas y descartó problemas del corazón.
“Tienes, me dijo, una parálisis facial ligera. Nada relacionado con el corazón. Apunta una medicina que te debes tomar y consulta a un neurólogo –tienes alguno conocido, preguntó. Y yo afirmé que sí, sin decir nombre--. Nimotop, de 30 miligramos y tomas una cápsula cada doce horas. Salí a comprarla e ingerí la primera a las 16.30 horas.
Acababa de hacerlo cuando llamó, alarmado, don Jorge. Y me informó que salía de inmediato a verme con su médico de cabecera. Ambos, padre e hijo, llegaron quince minutos después. A los dos expliqué mi charla con don Pedro Iturralde, con quien se comunicó el abogado. Más tarde estableció contacto con el geriatra de Bety –y mío también—a quien le informó.
Previamente Jorge Ravelo Barba me realizó físicamente algunas pruebas de las que salí, me dijo, bien. Caminé sobre una línea imaginaria. Y otra más ancha. Me ordenó apretarle las manos y me tomó la presión sanguínea. Algo alta 167/90, por lo que me ordenó tomare una de las medicina que usualmente, diario, tomo.
Para entonces llamó Mauricio y luego de saludos con mi hijo, se le pasó la bocina del teléfono a mi nieto. Ambos charlaron y cambiaron opiniones. Llegaron al acuerdo en que se me administraran los siguientes medicamentos, lo que he obedecido religiosamente:
1.-Nimotop, de 30 miligramos, ya en mi poder. Pastillas.
Una cada doce horas 1-0-1
2.-Prednisona (meticosteo), ya en mi poder. Pastillas.
Una cada ocho horas 1-1-1
3.- Omeprasol, una al día, cápsulas, por la mañana.
4.-Hidromelosa, gotas para los ojos,
Una cada ocho horas 1-1-1.
Independientemente los fármacos ordenados por el cardiólogo para cuidar mi corazón ¿enamorado?:
1.- Imdur, de 60 miligramos, tabletas
Media cada doce horas ½-0-1/2
2.- Atacand, de 8 miligramos, tabletas
Media cada doce horas ½-0-1/2, y
3.-Aspirina Protect, de 100 miligramos
Una al mediodía 0-1-0
Lo que cumplo con pulcritud.
El ejercicio ordenado por Jorge Alberto Ravelo Barba, sonreír continuamente, lo realizo. En espera de otros más que se me adjudiquen.
Durante la noche de ayer a hoy realicé las sonrisas durante una película, desde mi cama. Dormí como bebito, ocho y pico de horas, salvo interrupciones para tirar agua. Amanecí tranquilo porque pude cerrar mi párpado derecho, como el izquierdo. Nada de taparme con un parche. Me siento relajado, pero en espera de los sabios consejos de mis dos médicos y practicarlos.
Agradezco a mi hijo su buena disposición, pero recordarle que “nunca lleves un paciente a un hospital o sanatorio, porque lejos de encontrarte solución a tu daño presente, te inventan otros con fines aviesos”.
Estoy seguro, como me dijeron mis dos médicos, Moris y Cocorito, que el daño se desvanecerá paulatinamente hasta quedar como “nalga de doncella”, lisita lisita. Uno desde aquí y el otro desde allá, sabrán, sin intervención ajena, restaurar el daño que, ya lo siento, viene por buen camino.
Este medio será óptimo para recibir recomendaciones, qué hacer, comportarme—ya me permitieron tomar mi güisqui, como lo que estoy acostumbrado y etcétera, que calma el estrés--, y tener la tranquilidad que poco a poco ha comenzado a llegar.
Mil gracias y seguiremos, lo exijo, en contacto para bien de todos, incluido el abogado que sufre como niño sin paleta. Un beso a todos ustedes.
Yo mero, Carlos Fernando Ravelo y Galindo.
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